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Fin a la tortura
Tortura, palabra grave en su pronunciación gramatical. Es curioso que hasta escribiéndola, signifique algo que produce terror y dolor.
Se creia que la tortura era historia del pasado reciente y que al igual que los tiempos del despotismo o de las guerras fraticidas vividas, eran partes de algunos museos del horror de la humanidad, la palabra en cuestión seria otro elemento de dicha colección. Sin embargo, la palabrota, no sólo se ha mantenido en el tiempo. En muchos países la han camuflado para no ser visible, incluso le ha sido conferido con frecuencia un estatuto de legitimidad en nombre de la "razón de Estado", tan pretendidamente majestuoso como prostituido.
Tortura significa todo acto por el cual se inflige intencionadamente un intenso dolor o sufrimiento físico o mental, a personas que piensan diferente a la sociedad donde viven o simplemente para castigar o intimidar por no realizar las ordenes que se les indican
De ahí que una y otra vez sea necesario volver a articular una reflexión ética sobre la pretendida legitimidad de la tortura, sus fines, sus medios y sus circunstancias.
Amnistía internacional denuncia la tortura como algo más amplio y denuncia que en más de 150 países se práctica y se utiliza como una forma de recabar información secreta, castigar por un acto que haya cometido o se sospeche que ha cometido; y coaccionar para que realice o deje de realizar una conducta determinada. Personas especializadas en esta materia indican que los torturados son individuos que caen en manos de grupos extremistas, grupos paramilitares y especialmente grupos de las fuerzas armadas de países que desprecian o ignoran los derechos humanos.
La tortura tiene ribetes inimaginables e inarrables en algunos casos. Es una práctica aberrante que debiera repugnarnos, no sólo porque degrada a quien la padece, sino porque degradan a la sociedades que la practican, o la consienten. Los torturadores, son seres sin ningún tipo de valores, su acción es psicótica e irrefrenable, son monstruos que carecen de sentimientos y están dispuestos a producir dolor incluso a sus hijos, si alguien con algún poder se los pide, son sumisos a sus patrones y tienen tras de si una larga historia de penurias provocadas por su entorno cercano.
Los regimenes autoritarios y las dictaduras han abusado de esta práctica y nosotros los latinoamericanos conocemos bastante de esto, hemos sido vejados física e intelectualmente hasta extremos inconcebibles y lo que es peor, a los que se les ha provocado esta acción, han perdido la dignidad que poseían y a los provocadores de dichos actos, los ha convertido en seres de las cavernas o en inquisidores religiosos.
Desde esta tribuna, hacemos voto por que la tortura deje de ser un instrumento de intimidación y desaparezca del vocabulario de los seres humanos.
Jalaman
Norrköping,15 mayo del 2014
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