El día 27 de abril se recordará en el futuro como el día en que dos ex papas, son elevados a las alturas y se transforman en santos.
Como
dice el dicho, ”En todas partes se cuecen habas”, tal es así,
que la iglesia católica en un acto de muchedumbres y con la
participación del actual Papa Francisco, canonizo ayer domingo a dos
extintos ex papas, que según la tradición de la iglesia, para
llegar a esta instancia, tiene que haber pasado mucho pero mucho
tiempo, aparte de tener demostrado la consecución de dos milagros
como mínimo.
Se
dice que la canonización de estos dos hombres de la iglesia,
especialmente uno, están realizadas en tiempo récord, es decir una
”canonización express”. Probablemente este hecho provoque un
revés en los sectores más progresistas de la institución y a la
inversa, una alegría para el otro sector, es decir el que
corresponde a los más conservadores y caraduras de esta institución
milenaria.
Estos
dos hombres representan a dos sectores enfrentados en la iglesia. En
el caso de Juan Pablo II, que falleció en el 2005, (solo han
transcurrido nueve años para santificarlo) su canonización fue
propulsada por Benedicto XVI, hombre muy cercano a Wojtyla y de
todos es sabido del conservadurismo de estos dos prelados.
Een
el caso de Juan XXIII, que falleció en 1968 (han transcurrido más
de 50 anos) y cuyo mandato se caracterizo por su acercamiento a las
bases de la iglesia y su impulso al concilio Vaticano II, también,
mostró la Iglesia de la apertura, de los pobres y de la modernidad.
Ante
la diversidad de ambos clérigos, creo que la intención de el Papa
Francisco de elevar a Santos a ambos sacerdotes a la vez, pasó por
intentar la conciliación de los sectores en pugna. Otros piensan,
que la verdad de esta historia pasa por una visión distinta en
momentos diferentes.
Lo
curioso de esto, es que al nuevo Papa se le identifica mucho más con
Juan XXIII que con Juan Pablo II y ello más que nada, por su
acercamiento al pueblo, por su firme apuesta de denunciar y expulsar
a los curas pedófilos e insistir en los aspectos sociales. Al igual
que Juan XXIII, Francisco va a los hospitales, a las cárceles y
participa de todo lo que coincida con el acercamiento a los mas
necesitados.
En
resumidas cuentas, la idea de democratizar a la iglesia tendrá que
esperar algún tiempo más, aún no están dadas las condiciones para
enfrentar a los poderosos que mandan desde las sombras del Vaticano.
Prueba de ello es que la canonización de Juan Pablo II es la
imposición de grupos extremadamente conservadores, entre ellos el
Opus Dei, que además apuesta por mirarse a ellos mismo, intentar
acallar la pedofilia y excluir a teólogos que piensan diferentes a
ellos .
En
fin, con la iglesia nos hemos topado y no hay más.
Norrköping,28
de abril del 2014

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