Ruanda
a veinte años del exterminio
Hace
exactamente 20 años comenzó a escribirse una de las páginas más
cruentas de la historia del África actual. Un 7 de abril de
1994 se desata en Ruanda el genocidio entre dos etnias
irreconciliables, los Hutus y los Tutsis. Murieron asesinados casi un
millon de personas, casi exclusivamente tutsis, posteriormente a esta
masacre, comienza la guerra civil, que provoca un éxodo hacia países
vecinos de más de dos millones de fugitivos, el resto de la
población deambula por el interior de Ruanda.
La
historia de esta masacre se remonta a varias décadas antes, Ruanda
era un país inestable y de mucha violencia. Siempre existió
enfrentamientos entre una mayoría que eran hutus y la minoría
tutsi. La primera ministra Agathe Uwlingiyimana fue asesinada y los
radicales hutus tomaron el poder y con ello, una incontenible oleada
de violencia extendió el pánico por todo el país. Los hutus con su
odio ancestral llamaron al exterminio total de los tutsi,
eliminándolos a como diera lugar y del dicho al hecho no hubo ni un
segundo de espera y comenzó la limpieza étnica a golpe de machete y
garrote y en esta ocasión no escaparon niños, mujeres, ni ancianos,
la orden principal era hacer desaparecer de la faz de la tierra todo
indicio tutsi. Las tropas destacadas en ese país no fueron capaces
de parar ese infierno, sin embargo, los cascos azules, designados por
la ONU, solo ayudaron a evacuar a los extranjeros y dejaron en las
manos de los asesinos y a su destino trágico, a la población local.
Los
tutsis vieron en las iglesias sus lugares de salvación y en ellas
buscaron refugio, sin embargo, ni Dios tuvo piedad de ellos, las
hordas asesinas entraron y no tuvieron clemencia con ninguno de sus
perseguidos y en las entrañas de ese lugar santo para la familia
cristiana y a los pies del cristo crucificado, masacraron a
centenares de víctimas inocentes.
La
cruz roja internacional informo que morian asesinados diariamente
8.000 personas, lo que significo que después de tres meses de
exterminio, la cifras se redondearon en 800.000 personas. La verdad
que fue difícil contabilizar las muertes, porque muchos cadáveres
fueron enterrados en fosas comunes y sin poder identificarlos, lo que
hace que probablemente las cifras fueran mayores. Este genocidio trae
consigo una especie de sicosis de salvación y el éxodo tutsi hacia
Tanzania se produce en tiempo récord, unas doscientas cincuenta mil
personas huyen hacia la frontera.
Ruanda
se vació, en sus calles fantasmales no se veía ser humano viviente,
todo fue abandonado a su suerte, solo los cadáveres y los perros
estaban en las calles. La muerte estaba por doquier, la vegetación y
las ruinas ocultaban los cuerpos abandonados, pero en el aire estaba
el olor nauseabundo de los asesinados, el viento extendió el hedor
pegajoso de las víctimas de la sin razón. El odio hizo lo suyo en
esta guerra de exterminio, la crueldad no tubo limites, no se hacían
prisioneros y a los heridos se les ejecutaba de inmediato.
Hoy
recuerdo los hechos luctuosos de hace 20 años y me llama
poderosamente la atención, que situaciones infinitamente menos
fatídicas, sean tan manejadas y publicitadas por los gobiernos
actuales, especialmente por los gendarmes de la humanidad (EEUU) como
es el caso de Venezuela, Cuba y algunos otros, países que son
vapuleados y zamarreados con boicots, apoyo incondicional a la
oposición e intromisión en las nuevas redes sociales de la
comunicación internet, inventando o creando caos o pánico
interpretativo. La verdad es que Venezuela tiene oro negro en sus
entrañas y Cuba es el paraíso que sueña la nación norteamericana,
entonces hay que crear confusión, a ver si así salta la liebre y
los señores dueños del planeta se pueden apoderar de ambos países.
Y
yo me pregunto; Porque en la nación donde la estatua de la
libertad, no es más que eso, solo una estatua, no levantaron la voz y tuvieron la misma
preocupación respecto a los crimenes que se cometieron en contra de
los derechos humanos en el país de Ruanda?

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